A pocas horas de terminar este martes 8 de marzo. Varios aspectos de un día como hoy nos llevan a producir el Portavoz de la fecha.
El carnaval, sus implicancias, sus orígenes, su música, sus rebeldías tocarán la puerta de nuestro programa.
El día internacional de la mujer es una cuestión irritante, diría Simone de Beauvoir, no obstante lo cual sería insidioso de nuestra parte no hacer alguna referencia, por supuesto siempre desde nuestra particular mirada.
Al respecto, la misma Simone de Beauvoir, en la introducción a su emblemático libro “El segundo sexo” afirma:
“Si la función de hembra no basta para definir a la mujer, si rehusamos también explicarla por «el eterno femenino» y si, no obstante, admitimos que, aunque sea a título provisional, hay mujeres en la Tierra, tendremos que plantearnos la pregunta: ¿qué es una mujer?
El mismo enunciado del problema me sugiere inmediatamente una primera respuesta. Es significativo que yo lo plantee. A un hombre no se le ocurriría la idea de escribir un libro sobre la singular situación que ocupan los varones en la Humanidad. Si quiero definirme, estoy obligada antes de nada a declarar: «Soy una mujer»; esta verdad constituye el fondo del cual se extraerán todas las demás afirmaciones. Un hombre no comienza jamás por presentarse como individuo de un determinado sexo: que él sea hombre es algo que se da por supuesto.
La relación de los dos sexos no es la de dos electricidades, la de dos polos: el hombre representa a la vez el “positivo” y el “neutro”, hasta el punto de que se dice «los hombres» para designar a los seres humanos. A la mujer se le reserva el “negativo”.
En verdad, basta pasearse con los ojos abiertos para comprobar que la Humanidad se divide en dos categorías de individuos cuyos vestidos, rostro, cuerpo, sonrisa, porte, intereses, ocupaciones son manifiestamente diferentes.
Acaso tales diferencias sean superficiales; tal vez estén destinadas a desaparecer. Lo que sí es seguro es que, por el momento, existen con deslumbrante evidencia”.
El pensamiento de Simone de Beauvoir, inevitablemente nos lleva a concebir a la mujer con sus formas, sus colores, sus bailes, sus aromas. También, sus rebeldías, su protesta, sus reclamos, su grito alado.
Es que la mujer, es también y sobre todas las cosas, carnaval

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